Quería empezar este reportaje con una frase que tratara de reunir todo lo que un país como Costa Rica puede ofrecer. Y entiendo que pueda sonar a demagogia cualquier tipo de halago que pueda hacer durante las cinco primeras líneas de este párrafo, pero si algo aprendí durante mis años de Universidad fue el consejo de un profesor que siempre decía: "si tienes algo interesante que contar, no lo adornes". Y en esas estoy, no voy a adornar en absoluto lo que me hizo sentir, lo que siento, y lo que sentiré por un país como Costa Rica: un absoluto flechazo. Si alguna vez desaparezco, buscadme en Costa Rica.
Conocida como la joya de América Central, Costa Rica tuvo la suerte de nacer agraciada y las agallas de saber conservar ese don. Bañada en el este por el Mar Caribe y en el suroeste por el Océano Pacífico, y poseedora de una capacidad de seducción que muchos destinos turísticos quisieran, es el lugar ideal para disfrutar de unas vacaciones inolvidables gracias a sus innumerables atractivos pensados para todo tipo de turismo, eso sí, enfocado al denominado "turismo inteligente". El ecoturismo es el as que los ticos esconden bajo su manga, no obstante, Costa Rica es el país con más variedad de flora y fauna de toda América Latina.
Llegar hasta Costa Rica es ahora muy sencillo desde España; Madrid o Barcelona tienen vuelos directos con varias frecuencias semanales y si no, otra opción es ingresar en el país vía Estados Unidos. Yo, con anécdota incluida -un rayo golpeó nuestro avión cuando estábamos a punto de aterrizar en San José-, llegué a Costa Rica en un vuelo de línea regular de Iberia. Los trámites burocráticos para entrar en el país son sencillos, siempre teniendo en cuenta que entras en un país cuya diversidad biológica debes cuidar y respetar; los españoles no necesitamos visado. "Pura vida" es el saludo con el que te reciben (expresión que escucharas durante toda tu estancia); caprichosa la vida que quiso definir todo un destino en dos simples palabras. Costa Rica es, en realidad, eso, pura vida.
Con mi maleta llena de ilusión y de ropa muy casual (es importante dejar los tacones y los vestidos y trajes de cóctel para otro destino), me instalé en Finca Rosa Blanca, un pequeño hotel boutique de 13 habitaciones situado a media hora de San José y muy cerca de Santa Bárbara de Heredia, en medio de exuberantes jardines y con unas inspiradoras vistas del Valle Central costarricense. El hotel cuenta con una plantación de café orgánico que podrás descubrir -así como participar en la recolección y procesamiento del café- durante tu estancia a través de una visita guiada. Pensado como refugio de tranquilidad y sostenibilidad, el esfuerzo de Glenn y Teri Jampol, propietarios del hotel, se ve reflejado en todos y cada uno de los pequeños detalles con los que cuenta el hotel; entre ellos, su deliciosa gastronomía. Capitaneado por Rodrigo Núñez, chef ejecutivo, en el restaurante del hotel Finca Rosa Blanca descubrirás las auténticas delicias de la cocina costarricense acompañadas de vinos provenientes de medio mundo, entre ellos denominaciones tan en boga como Argentina o Chile.
Una preciosa piscina escondida entre jardines tropicales, un jacuzzi al aire libre y más de 300 árboles frutales distribuidos lo largo de 8 acres de terreno, completan la oferta de este precioso hotel que no debes perderte durante tu visita al país. Es perfecto para una primera toma de contacto con la naturaleza y como punto de partida de un inolvidable viaje.
Con una agradable temperatura y con un poco de pena por tener que abandonar este pequeño paraíso en forma de hotel, me dispuse a seguir mi camino hacia un nuevo destino del país. La variedad paisajística y de actividades que ofrece Costa Rica es innumerable, por lo que te recomiendo que, como yo, diseñes una ruta por el país según tus gustos. Mi siguiente alto en el camino: el Parque Nacional Volcán Arenal.
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